En ocasiones, una historia aparentemente ligera contiene una enseñanza profunda. Este es el caso de Futsutsuka na Akujo de wa Gozaimasu ga (Though I Am an Inept Villainess), serie que utiliza el intercambio de cuerpos para plantearnos una pregunta filosófica: ¿nuestra felicidad depende de las circunstancias o de la manera en que nos relacionamos con ellas?
La trama comienza cuando Shu Keigetsu, movida por los celos, utiliza magia prohibida para intercambiar su cuerpo con el de Kō Reirin. Keigetsu espera apropiarse de la belleza, la posición y el reconocimiento de Reirin, pero descubre que también ha heredado su frágil estado de salud. Mientras tanto, la verdadera Reirin despierta en el cuerpo de una mujer despreciada por la corte y debe responder por delitos que no cometió.
Cualquier persona podría considerar este intercambio como una desgracia. Reirin, sin embargo, lo recibe con alegría. Después de haber vivido desde niña enferma y cerca de la muerte, descubre que el cuerpo de Keigetsu es fuerte y saludable. Incluso cuando es condenada y enviada a vivir en una casa ruinosa, su primera reacción no es lamentarse, sino celebrar la libertad y las posibilidades que ahora tiene.
En esa respuesta inesperada encontramos varios principios esenciales del Mindfulness.
La verdadera identidad no depende del cuerpo
La serie juega con una distinción que ha ocupado a la filosofía desde la Antigüedad: la diferencia entre lo que somos y la apariencia con la que nos presentamos ante los demás.
La corte identifica a Reirin con un rostro hermoso, una familia poderosa y una conducta impecable. Cuando su conciencia queda atrapada en el cuerpo de Keigetsu, esos atributos desaparecen. Para los demás, ahora es una villana. Sin embargo, su bondad, su inteligencia y su disposición ante la vida permanecen intactas.
Reirin nos recuerda que la identidad no puede reducirse a la reputación. Tampoco somos solamente el cuerpo que habitamos, aunque nuestra experiencia del mundo dependa profundamente de él. Somos también la conciencia que observa, interpreta y decide cómo responder.
Esta diferencia es fundamental para el Mindfulness. Los pensamientos, las emociones y las condiciones físicas forman parte de nuestra experiencia, pero no agotan nuestra identidad. Podemos observarlos sin quedar completamente definidos por ellos.
Reirin ha perdido su rostro, su posición y sus privilegios. No obstante, no se ha perdido a sí misma.
Prestar atención antes de juzgar
Jon Kabat-Zinn define el Mindfulness como la conciencia que surge al prestar atención deliberadamente al momento presente y sin juzgar. Esto no significa renunciar al discernimiento moral. Significa reconocer la realidad antes de encerrarla en nuestras categorías de agrado, rechazo, éxito o fracaso.
La corte ya ha juzgado a Keigetsu. Para todos es una mujer envidiosa, desagradable y peligrosa. Reirin, al ocupar su cuerpo, podría compartir inmediatamente esa condena. También tendría motivos para odiarla: Keigetsu le ha robado su identidad y la ha colocado en peligro de muerte.
Pero Reirin no se limita a reaccionar desde el resentimiento. Observa, escucha y trata de comprender. Su atención alcanza los detalles que los demás ignoran: las condiciones en las que vivía Keigetsu, la forma en que era tratada y el sufrimiento que se encontraba detrás de su hostilidad.
No juzgar no significa justificar sus acciones. El intercambio de cuerpos sigue siendo una agresión. La actitud consciente consiste en distinguir entre reprobar una conducta y reducir a una persona a esa conducta.
Reirin comprende que detrás de la llamada “villana” existe una historia. En lugar de preguntarse únicamente qué castigo merece Keigetsu, parece preguntarse qué dolor la llevó a actuar de esa manera. Esa mirada abre la posibilidad de la compasión.
Encontrar libertad en el presente
Cuando Reirin es desterrada a una vivienda miserable, todos esperan verla derrotada. Ella, por el contrario, se alegra porque ha obtenido libertad y comienza a disfrutar de su nueva vida.
Su actitud no es ingenuidad. Reirin sabe que se encuentra en peligro. La diferencia está en que no permite que la amenaza futura le arrebate completamente el presente.
Su casa puede estar deteriorada, pero hay espacio para moverse. Su nombre puede estar manchado, pero ya no está sometida a las mismas restricciones. La comida puede ser sencilla, pero su cuerpo es capaz de recibirla. Allí donde los demás sólo ven carencia, ella descubre posibilidades.
Una mente atrapada en la comparación piensa: “Antes tenía un palacio y ahora sólo tengo esta casa”. Una mente atenta observa: “Hoy estoy aquí, puedo respirar, puedo moverme y puedo hacer algo con lo que tengo”.
El Mindfulness no elimina las dificultades. Nos ayuda a evitar que la resistencia mental multiplique el sufrimiento. Reirin no elige el intercambio, la condena ni el destierro. Lo que sí elige es la forma de habitar esas circunstancias.

La gratitud por un cuerpo saludable
Quizá la enseñanza más conmovedora de Reirin sea su gratitud por contar con un cuerpo sano.
Con frecuencia sólo valoramos la salud cuando comienza a faltar. Caminamos sin pensar en el extraordinario equilibrio que permite cada paso. Respiramos sin advertir que cada inhalación sostiene nuestra existencia. Comemos, dormimos, levantamos objetos y recorremos distancias como si el cuerpo estuviera obligado a responder siempre.
Reirin no puede darlo por sentado. Después de vivir con una constitución frágil, despertar en un cuerpo saludable representa para ella una forma de renacimiento. Aquello que Keigetsu despreciaba se convierte, desde la conciencia de Reirin, en un regalo.
Aquí aparece una paradoja: Keigetsu poseía un cuerpo fuerte, pero no podía apreciarlo porque deseaba la apariencia y la posición de otra persona. Reirin, en cambio, pierde casi todo lo que socialmente la hacía admirable y se siente afortunada porque puede levantarse, trabajar y vivir sin el temor constante de morir.
La gratitud comienza cuando dejamos de mirar exclusivamente lo que nos falta. El Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos señala que adquirir el hábito de reconocer lo que marcha bien en nuestra vida puede favorecer el bienestar emocional y ayudarnos a afrontar el estrés. No se trata de negar los problemas, sino de impedir que ocupen todo el campo de nuestra conciencia.
Reirin da gracias por cada día porque sabe que ningún día está garantizado.
Disfrutar no significa ignorar el sufrimiento
Podríamos confundir la actitud de Reirin con un optimismo excesivo. Sin embargo, el Mindfulness no consiste en repetir que todo está bien. Consiste en estar plenamente presentes ante lo agradable y lo desagradable.
Reirin no niega la injusticia. Tampoco permanece inmóvil. Observa las circunstancias, reconoce los peligros y actúa con determinación. Su alegría no sustituye a la acción, sino que la acompaña.
Ésa es la diferencia entre la evasión y la aceptación. La evasión se niega a ver el problema. La aceptación lo mira directamente, pero evita desperdiciar energía deseando que el pasado hubiera sido distinto.
Aceptar significa comenzar desde la realidad: éste es el cuerpo que tengo, ésta es la casa en la que estoy, éste es el problema que debo enfrentar. Sólo desde ese reconocimiento podemos actuar con libertad.
La verdadera Kō Reirin posee lo que la historia describe como un “espíritu de acero”. Su fortaleza no proviene de la dureza ni de la insensibilidad. Surge de haber convivido con la vulnerabilidad.
Quien ha sentido cercana la posibilidad de morir puede aprender a prestar atención a la vida. Cada mañana deja de ser una repetición y se convierte en una oportunidad. Cada alimento, cada movimiento y cada encuentro adquieren un valor distinto.
La fortaleza que nace de la atención
Reirin no necesita sentarse a meditar para encarnar una actitud consciente. Su práctica se manifiesta en la vida cotidiana: observa antes de juzgar, acepta sin resignarse, agradece lo que tiene, disfruta lo sencillo y responde a la adversidad sin perder su bondad.
Tal vez ésa sea la gran enseñanza de Futsutsuka na Akujo de wa Gozaimasu ga. Podemos poseer belleza, salud y reconocimiento sin estar verdaderamente presentes. También podemos atravesar circunstancias difíciles y, sin embargo, descubrir en ellas razones para agradecer.
La vida no siempre nos permite elegir el cuerpo, el lugar o las condiciones que habitamos. Pero, como muestra Reirin, todavía podemos elegir prestar atención. Y cuando prestamos atención de verdad, hasta lo cotidiano revela su carácter extraordinario.
Porque respirar, caminar y despertar una mañana más no son acontecimientos insignificantes. Son la vida misma.


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