¿Sólo el futbol puede salvar a México?

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Tristemente, el futbol es el espectáculo barato que puede darle oxígeno económico a México o condenarlo aún más.


Suena dramático. Y sí, lo es, pero seré objetivo en esto:

INEGI confirmó lo que ya se venía advirtiendo: el PIB de México cayó 0.8% en el primer trimestre de 2026. Es la peor contracción para un inicio de año desde 2020 —y esta vez no hay pandemia que funcione como coartada general.

Lo realmente alarmante no es solo la caída, sino su composición: los tres motores de la economía fallaron simultáneamente.
El sector agropecuario retrocedió 1.4%, la industria 1.1% y los servicios —el último sostén— también cayeron 0.6%.

Ese último dato es el más delicado. Durante todo 2025, los servicios maquillaron el deterioro industrial. No había fortaleza, había compensación. Y ahora que ese soporte se debilita, queda expuesta la fragilidad estructural.

Sí, el crecimiento anual aún marca un raquítico 0.2%. Pero es una cifra que ya perdió significado: apenas alcanza para borrar el rebote previo y confirmar que la economía está, en el mejor escenario, estancada.

Desde el gobierno, la explicación es predecible: factores externos. Aranceles, conflictos internacionales, condiciones climáticas adversas. Un catálogo de excusas que, aunque parcialmente ciertas, evitan tocar el problema de fondo.

Porque el deterioro no es reciente ni accidental.

Andrés Abadía (economista reconocido principalmente por su rol como Economista Jefe para América Latina en la firma de investigación británica Pantheon Macroeconomics) advierte que no se trata de un choque aislado, sino de un debilitamiento secuencial.
Gabriela Siller (destacada economista mexicana, reconocida por ser la Directora de Análisis Económico y Financiero en Grupo Financiero BASE y una de las voces más influyentes en el ámbito económico de México) va más allá: habla de una trampa de estancamiento impulsada por decisiones internas —instituciones debilitadas, inversión en retroceso y una informalidad creciente que erosiona cualquier base de desarrollo sostenido.

En otras palabras: no es mala suerte, es consecuencia.

Y en medio de este panorama, la “buena noticia” resulta casi irónica: el segundo trimestre podría repuntar gracias al turismo y al impulso del Mundial de la FIFA.

Es decir, el futbol —ese espectáculo masivo, efímero y profundamente distractor— aparece como tabla de salvación económica.

No por estrategia, sino por falta de ella.

Apostar a eventos extraordinarios para sostener indicadores es aceptar, implícitamente, que no hay un modelo de crecimiento sólido detrás. Es sustituir política económica por coyuntura mediática.

Quizá el PIB repunte en los próximos meses. Quizá las cifras se vean mejor.

Pero si el alivio depende de que ruede un balón, el problema de fondo sigue intacto.

Y cada vez más evidente.

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