¿A quién prefieres: a Messi o a Ronaldo? Lo que esa respuesta revela de tu alma política

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Por Luis Parra


Durante más de dos décadas, la pregunta ha circulado en cafeterías, vestuarios, redes sociales y conversaciones de madrugada: ¿Messi o Ronaldo? Pareciera una discusión puramente futbolística, incluso una discusión frívola. Pero un estudio reciente publicado por investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang (Singapur) y la Universidad Carlos III de Madrid demuestra algo que debería hacernos detener y pensar con más cuidado: esa elección no es arbitraria ni inocente. Es, en buena medida, un espejo de tu identidad política.

Y eso, desde la filosofía y desde una comprensión honesta de la democracia y la economía, nos dice mucho sobre el tiempo que vivimos.

El experimento: 10,661 personas, 26 países, una sola pregunta

El estudio titulado «Political Identity Beyond Politics: The Messi-Ronaldo Preference Across 26 Countries» encuestó a 10,661 personas distribuidas en 26 países de seis continentes. El objetivo era elegante en su simpleza: encontrar un estímulo cultural globalmente constante —algo que todos conocieran— y observar qué variables predicen la preferencia entre esas dos opciones. Messi y Ronaldo cumplen ese criterio de manera casi perfecta. Sus estadísticas son comparables; lo que los diferencia no son los trofeos sino lo que representan.

Los investigadores aplicaron modelos estadísticos de dos niveles para identificar qué factores —ideología política, autoritarismo, autoestima, consumo de video corto en redes sociales y reflexión cognitiva— predecían la preferencia relativa por uno u otro jugador (lo que llaman RPP: Ronaldo minus Messi rating).

Los resultados son reveladores.

Los hallazgos clave

1. La ideología política es el predictor más robusto. Los encuestados con orientación más liberal o progresista tendían significativamente a preferir a Messi. Los más conservadores, a Ronaldo. Esto se mantuvo independientemente de la edad, el género, la educación, la clase social o el interés político. La ideología superó a todos los demás factores en poder explicativo.

2. Messi y Ronaldo no son solo jugadores: son arquetipos. Messi es percibido globalmente como discreto, deferente, familiar y orientado al equipo. Ronaldo, en cambio, proyecta dominio individual, autopromoción explícita y una celebración ostensible del logro personal. Estas proyecciones se alinean con el eje dominancia-comunitarismo que, según la teoría política, organiza las diferencias ideológicas: los conservadores tienden a valorar la jerarquía, la fuerza individual y la diferenciación; los progresistas, la cooperación, la igualdad y el servicio al colectivo.

3. El autoritarismo y la autoestima predicen preferencia por Ronaldo. Más allá de la ideología, quienes mostraban disposiciones autoritarias —preferencia por líderes fuertes, estructuras jerárquicas— y quienes tenían mayor autoestima tendían más a Ronaldo. No es difícil ver por qué: el CR7 mediático es, en sí mismo, una construcción de éxito individual hiperbólico.

4. El consumo de video corto en redes predice preferencia por Ronaldo. Quienes consumen más noticias y contenido en formato de video breve (TikTok, Reels) también tendían hacia Ronaldo. Los investigadores señalan que esto no es casual: Ronaldo tiene una presencia performativa y de alta frecuencia en esas plataformas, mientras que Messi mantiene una presencia más austera y convencional. Las plataformas moldean las preferencias culturales por caminos distintos a la identidad política.

5. La reflexión cognitiva predice (levemente pero significativamente) preferencia por Messi. Las personas con mayor capacidad analítica —quienes resisten el razonamiento intuitivo y examinan sus creencias— mostraron una inclinación hacia Messi. El efecto es pequeño pero significativo.

6. El efecto ideológico es más fuerte en los jóvenes. En jóvenes de 15 años por debajo de la edad media de cada país, la correlación entre ideología y preferencia era casi el doble que en cohortes mayores. El estudio sugiere que las generaciones socializadas en entornos de mayor polarización política absorben esa polarización en ámbitos culturales que antes eran neutrales.

México: firmemente en el campo Ronaldo

Un dato que no puede pasarse por alto en este blog: México aparece en el ranking de los países con mayor preferencia por Ronaldo (RPP = +0.41, d = +0.28), por encima de muchos países europeos e incluso del propio Portugal. Solo Turquía e Indonesia mostraron preferencias más marcadas por el portugués entre los grandes.

¿Qué nos dice esto de México? El estudio no lo explica de forma directa, pero la correlación con variables como el autoritarismo y el consumo de redes sociales de video corto podría ser una pista. México tiene una cultura política compleja, con raíces profundas en el culto al liderazgo fuerte —el «caudillo», el «macho alpha»— y, al mismo tiempo, una democracia en proceso de construcción. La popularidad de Ronaldo en estas latitudes no es solo futbolística; es también una preferencia estética y cultural que habla de valores.

Conclusiones: lo que esto nos dice desde la filosofía, la política y la economía

Esta es la sección donde me permito ir más allá del dato y pensar en voz alta, como corresponde al espíritu de este blog.

Desde la filosofía: El estudio confirma algo que los estoicos y los existencialistas comprendían bien: somos seres profundamente relacionales, cuyas preferencias más triviales están atravesadas por estructuras de sentido que no siempre elegimos conscientemente. Marco Aurelio habría dicho que el sabio no deja que la multitud dicte sus juicios; sin embargo, incluso el sabio está formado por su época. La «identidad política como nodo organizador», como la llaman los investigadores, es en lenguaje filosófico la hegemonía de un horizonte de sentido. Cuando nuestras preferencias culturales —incluso qué futbolista nos gusta más— se alinean automáticamente con nuestra tribu política, hemos cedido una buena parte de nuestra autonomía racional. La tarea del ser humano reflexivo no es necesariamente desideologizarse —eso es imposible— sino volverse consciente de los lentes con que mira.

Desde la política: Vivimos en un momento de polarización sin precedentes. Lo que este estudio documenta es que esa polarización no se queda en el parlamento ni en las urnas: coloniza la cultura, el gusto, la estética, hasta el deporte. Esto tiene consecuencias serias para la democracia deliberativa. Cuando ya no podemos compartir ni siquiera un ídolo deportivo con quienes piensan diferente, el espacio público de deliberación se estrecha. La democracia necesita ciudadanos capaces de reconocer humanidad en el otro, de dialogar en territorios comunes. Si hasta el fútbol se convierte en un campo de batalla identitaria, algo muy profundo está cambiando en la manera en que habitamos lo colectivo.

Desde la economía: No es menor el hallazgo sobre las redes sociales. Las plataformas digitales de video corto —diseñadas con lógicas de economía de la atención— no son espacios neutros. Son máquinas de amplificación que refuerzan ciertos perfiles culturales sobre otros. Ronaldo construyó su marca digital con una comprensión instintiva de estas lógicas: su feed es un espectáculo permanente de lujo, cuerpo, éxito y poder. Eso vende. Y lo que vende, en la economía de la atención, termina formando preferencias más allá de sí mismo. La economía política del entretenimiento digital tiene efectos en la subjetividad colectiva que apenas comenzamos a entender.

Carpe Diem —aprovecha el momento para conocerte. Si este estudio nos invita a algo, es a la introspección honesta. No se trata de cambiar tu equipo ni de renegar de tu ídolo. Se trata de preguntarte: ¿qué me dice esta preferencia sobre mí? ¿Qué valoro realmente? ¿Me identifico con el trabajo colectivo, la discreción y el servicio, o con el dominio individual y la celebración pública del éxito? No hay respuesta correcta, pero la pregunta en sí ya es un ejercicio de consciencia.

En un mundo donde los algoritmos nos clasifican antes de que nos conozcamos a nosotros mismos, elegir con conciencia —incluso algo tan pequeño como a quién admiras— es un acto de libertad.

Una confesión personal: soy del CR7, y lo pienso bien

Lo cierto es que considero a Messi el jugador más talentoso de la historia y a CR7 el jugador más completo de la historia, para mí tienen todo para ser considerados los mejores de la historia, pero es algo subjetivo y aún en los números es difícil ser objetivos en este tema como lo señala el siguiente cuadro:

En resumen: Ronaldo lidera en goles brutos totales y marcadores absolutos de selección, ademas tiene 2 Copas de la Liga de Naciones y ha triunfado en diferentes ligas de alto nivel competitivo, además de ser a partir del 23 de junio de 2026 la única persona en el planeta en anotar goles en 6 Copas Mundiales diferentes; Messi aventaja en eficiencia goleadora, Balones de Oro, títulos individuales y colectivos y es el único de los dos en haber ganado un Mundial.

Y aquí viene el momento en que el autor baja del estrado y se sienta en la banca junto al lector: yo prefiero a Cristiano Ronaldo. Siempre lo he preferido. No por el circo mediático ni por los Reels ni por el lujo ostentoso —que, seré honesto, me resulta más bien ajeno a mi sensibilidad— sino por lo que percibo detrás de la performance: una voluntad de hierro, una disciplina casi estoica en la búsqueda de la excelencia, y una resistencia feroz ante la adversidad que encuentro genuinamente admirable. El artículo especializado de investigación diría que eso me ubica en el campo conservador, pero aquí está la paradoja que me resulta filosóficamente más interesante de todo este asunto: mi postura política es prácticamente de centro y el test dice que pertenezco ligeramente a un liberalismo de izquierda, es decir, debería ser fan de Messi desde el punto de vista del trabajo de investigación.

Creo en los derechos individuales y en la libertad personal tanto como en la justicia social, la distribución equitativa de oportunidades y el Estado como garante de condiciones dignas para todos. Admiro a quien da el máximo de sí mismo y además comprende que ese máximo solo es posible en una sociedad que no deja a nadie atrás. Ronaldo, el que me interesa, no es el símbolo del dominio sobre otros sino el del dominio sobre uno mismo —y eso, lejos de contradecir mis convicciones, las complementa. Este pequeño desacuerdo con el estudio no lo invalida; al contrario, lo enriquece. Los datos predicen tendencias, no destinos. Y la libertad humana, como insistía John Stuart Mill, siempre reserva el derecho de ser una excepción bien razonada.

Haz el Test en: https://www.idrlabs.com/es/coordenadas-politicas/1/8.3/1/8.3/result.php


Referencia del estudio: Ahmed, S., Jaidka, K., Rasul, M. E., & Gil Lopez, T. (2025). «Political Identity Beyond Politics: The Messi-Ronaldo Preference Across 26 Countries». Nanyang Technological University / National University of Singapore / Universidad Carlos III de Madrid.

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